Recibir a los extranjeros
Cuando mis amigos vivieron en Moldavia, uno de los países más pobres de Europa, les sorprendió la cálida bienvenida que recibieron; en especial, de otros creyentes. Una vez, llevaron ropa y alimentos a una pareja muy pobre de la iglesia, pero que albergaban a varios niños. Allí los trataron como huéspedes de honor y les dieron de comer. Cuando se fueron, llevando frutas y vegetales de regalo, se maravillaron ante tanta hospitalidad.
Sacrificio vivo
Mi tía abuela tenía un trabajo apasionante en publicidad, y viajaba entre Chicago y Nueva York, pero por amor a sus padres, decidió dejar su carrera. Ellos vivían en otro estado, y necesitaban que alguien los cuidara. Sus dos hermanos habían muerto jóvenes en circunstancias trágicas, y ella era la única hija que les quedaba a mamá y papá. Para ella, servir a sus padres fue una forma de expresar su fe.
Hijo de Dios para siempre
En una reunión en la iglesia a la que asistí con mis padres, siguiendo la costumbre, nos tomamos de las manos mientras recitábamos juntos el Padrenuestro. Mientras estaba así, con mi madre a un lado y mi padre al otro, me impactó la idea de que siempre sería su hija. Aunque ya soy adulta, todavía me pueden llamar «la hija de Leo y Phyllis». Entonces, reflexioné que no solo soy hija de ellos, sino que siempre seré también hija de Dios.
El mensajero
«¡Tengo un mensaje para ti!» Una mujer que trabajaba en la conferencia a la que asistí me entregó un papel, y me pregunté si debía ponerme nerviosa o emocionarme. Pero cuando leí: ¡Tienes un sobrino!», supe que podía alegrarme.
Una carta de Navidad
Todas las Navidades, un amigo mío le escribe una larga carta a su esposa, repasando los acontecimientos del año y soñando con el futuro. Siempre le dice cuánto la ama y el porqué. También le escribe a cada una de sus hijas. Sus palabras de amor son un regalo inolvidable de Navidad.
Un ministerio oculto
Una tarea de estudios importante me estaba abrumando, y temía no poder entregarla a tiempo. En medio de mi ansiedad, recibí tres notas de ánimo de amigos que me alentaban. Todas decían: «Dios te puso en mi mente hoy mientras oraba». Me sentí alentada de que estos amigos me contactaran sin saber lo que me pasaba, y estaba segura de que Dios los había utilizado como sus mensajeros de amor.
Cacería de zorras
Mientras hablaba por teléfono con una amiga que vive en la costa del mar, le dije cuánto me gustaba oír el graznido de las gaviotas. «Criaturas viles», respondió ella, porque le resultan una amenaza constante. Al vivir en Londres, yo siento lo mismo respecto a las zorras. No me resultan animales bonitos, sino criaturas que dejan un olor espantoso al pasar.
Bondad inesperada
Mi amiga estaba esperando para pagar por sus compras, cuando un hombre se dio vuelta y le entregó un bono de descuento de diez libras esterlinas. Primero, ella no pudo contener las lágrimas ante ese acto de bondad, y luego, se reía de sí misma por haber llorado. Aquella bondad inesperada la conmovió y le dio esperanza mientras atravesaba una etapa de agotamiento, y dio gracias al Señor por su bondad extendida a través de otra persona.
Cosechar los campos
Una amiga, en Tanzania, tiene la visión de adquirir una parcela de tierra desolada en Dodoma, la ciudad capital. Como sabe de las necesidades de las mujeres viudas del lugar, Rut desea transformar esos terrenos polvorientos en un lugar para criar pollos y sembrar granos. Su visión de suplir las necesidades de otros está arraigada en su amor a Dios, y es fruto de la inspiración de su tocaya bíblica: Rut.
Esculpidos en sus manos
Allá por el siglo xix, en su iglesia de Londres, Carlos Spurgeon se deleitó durante años en predicar sobre las riquezas de Isaías 49:16, que dice que Dios nos tiene esculpidos en las palmas de sus manos. Declaró: «¡Un texto como este ha de ser predicado cientos de veces!». Un pensamiento así es tan precioso que podemos meditar en él una y otra vez.